viernes, 2 de noviembre de 2012

Crónica de un mural


Frente al mural 

Una vez más de regreso al Castillo de Chapultepec. Pero esta vez no fue la visita obligada del mes a un fastidioso museo –piensa una niña de 10 años-. Hoy recuerda que, hace algunos ayeres, lo más divertido de esos paseos era el folklórico recorrido en el camión escolar y compartir con los amigos un día de campo comiendo un sándwich y para rematar un día completo sin clases.
            Esas excursiones a los más prestigiados museos del Distrito Federal se añejaron en la memoria y sólo quedaron vagas imágenes del primer contacto con el arte, la ciencia o la historia. Sin embargo, vale la pena volver, con algunos cuántos libros más de experiencia, a esos excepcionales lugares.
            El retorno fue inusitado. Aquella primera sala antes de entrar a la historia alberga un pequeño fragmento de David Alfaro Siqueiros, el mural ofrece un viaje todo pagado en un túnel del tiempo a lo que él titula Del porfirismo a la Revolución.
            La primera parada deja ver al que fuera dictador por más de treinta años, algunos lo aman, otros tantos lo odian, pero sin duda alguna Porfirio Díaz es parte de México. En tan sólo una imagen queda inmortalizada la atmósfera del siglo pasado, se observa a un presidente pisando la constitución de 1857, elogiado por los “científicos” de la época y celebrando con música y bailes.
            Mientras aquello acontece, el pueblo mexicano escribe su historia en el campo de batalla. Algunos obreros cargan a una víctima caída por la represión de la huelga Cananea antesala del movimiento revolucionario encabezado ideológicamente por líderes como Marx, Bakunin y los Flores Magón.
A tan sólo unos centímetros (en el mural) los mexicanos desfilan y toman las armas guiados por personajes como Madero, Pino Suárez, Carranza, Zapata, Villa, Obregón, Calles, entre otros. Toda una representación de la nación en llamas, una imagen vale mucho más que mil palabras.
Como si lo ya visto no hubiera sido suficiente, la vista se queda fija en el alma del mural: el movimiento. Cada paso dado por el espectador a lo largo de la diminuta sala pareciera ser seguido por un revolucionario montando a caballo; esto simboliza el final de la lucha armada.
Para concluir la obra de arte está el mar de cadáveres, el cual refleja el costo de un millón de muertes en la Revolución Mexicana. Así de concreto y sin censura Siqueiros, a través de su brocha, muestra como se percibía el movimiento en aquella época; que no difiere al pensamiento actual.
 Sin duda haber vuelto valió la pena. Es una valiosa oportunidad apreciar el talento de uno de los tres representantes del muralismo en México. Tener la oportunidad de interpretarlos, apreciar su técnica pero sobre todo sentir e identificarse con lo mostrado es una grata experiencia.


Mural: Del porfirismo a la Revolución. David Alfaro Sequeiros. Acrílico y piroxilina sobre tela. Concluido en 1966.

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