miércoles, 29 de febrero de 2012

Un libro, una idea y una investigación

Una reflexión a propósito de las palabras de Datus C. Smith Jr. en Guía para la publicación de libros, en el capítulo La idea del libro

Un libro, una idea y una investigación

El surgimiento de un libro es un proceso laborioso y complejo que requiere la participación de un equipo trabajando de forma conjunta y especializada. Una vez más, el papel de editor es clave en cualquier publicación, juega el papel de promotor cultura y hombre conocedor de negocios.
            Después de la investigación, labor creativa, meses de trabajo frente a la computadora, correcciones y arduo trabajo surge el manuscrito final que se convertirá en la materia prima de la empresa editorial. Ya sea que el autor busque quién compre la idea o algunos más son buscados por las editoriales.
El editor se encarga de aprobar o rechazar la publicación, algunos buenos otros no tanto. Dependerá del interés de la casa editora, además de pasar la prueba de los consultores contratados especialistas en la material, ellos son los encargados de seleccionar cuáles serán los libros idóneos para imprimir y poner a la venta.
Según sea el tema que aborde la publicación se catalogará en series de temas generales, en libros de texto y lecturas suplementarias o libros de consulta, diccionarios, enciclopedias y atlas. Una empresa líder en el marcado de libros debe contar en su matrícula con títulos variados que le permitan mayor competitividad en la industria.
Asimismo, se debe tener en cuenta algunos gastos vitales para el funcionamiento del desarrollo editorial. En la nómina se incluyen el pago de salarios al personal, anticipos para los autores o dibujantes, así como la investigación y promoción de cada trabajo.
Es justo la investigación un eje central en la composición de la idea del libro. Aquella labor de mercadotecnia investigativa que le permite al editor conocer cuál es el mejor título para determinado público, no se avienta al ruedo un libro sin antes tener una seguridad de que si tendrá un público consumidor.
Existen mercados seguros, la publicación de best sellers da garantía de que habrá ventas y por ende, ganancias. Las empresas editoriales apuestan por la publicación de éstos para dar la oportunidad de distribución a otros títulos no tan popularmente conocidos.
El mercado editorial es una apuesta en la ruleta del azar, la investigación permite medir el nivel del mercado, sin embargo, no existe juego seguro; un libro puede ser un éxito o un fracaso de ventas. 

domingo, 26 de febrero de 2012

Lo fijo + lo variable / ejemplares x 5 = precio por libro

Una reflexión a propósito de las palabras de Datus C. Smith Jr. en Guía para la publicación de libros, en el capítulo Aspectos Financieros.

Lo fijo + lo variable / ejemplares x 5 = precio por libro

Los costos de un producto están establecidos según el modo de producción en el que esté inserta una sociedad, el capitalismo es el sistema imperante en el mundo actualmente y cualquier artículo que se ponga a la venta se rige bajo sus reglas, incluidos los libros.
            En una empresa editorial, el encargado de hacer el presupuesto de las inversiones y las ganancias es el editor. Aquel ente indispensable en la publicación de un libro, quien requiere agudizar sus conocimientos en el área de diseño, producción, mercado para así, con su refinado olfato editorial tomar las mejores decisiones sobre determinada publicación.
            El editor es la mente maestra detrás del éxito de un libro, este negocio incierto, de alto riesgo y poco redituable requiere de un astuto cerebro trabajando en las cuentas para así reducir costos, aumentar las ventas y por ende, incrementar las ganancias; que al final del día así funcionan los mercados.
            A cada libro le corresponden costos diferentes. No es lo mismo publicar un tiraje masivo y de distribución gratuita a uno con menos ejemplares impresos pero con mayor calidad, los costos varían según el objetivo de cada obra.
            Existe un tipo de costo que no varía, se mantiene independientemente y ajeno a los objetivos de venta. En este apartado se engloba el diseño del interior y la portada, las ilustraciones o gráficos, las placas y los gastos generales como impuestos, salarios, renta y pago de servicios. Todos estos gastos fijos no están en función del número de ejemplares pues sea uno o un millón cada producto requiere de estos elementos para su publicación.
            Por otro lado, están los gastos variables, estos costos determinados por el número de ejemplares cuya volatilidad depende del tipo de papel, la impresión, la encuadernación y los acabados. Aquí el editor tendrá que balancear cuál es la mejor elección para que todos queden contentos, el autor, la empresa editorial y el lector consumidor.
            Asimismo, estos gastos variables son tan versátiles como lo sea el tiraje, el número de páginas por libro, su tamaño, la calidad de impresión, ya sea color o blanco y negro; y la encuadernación, en tapa dura o suave. Cada uno de ellos arroja una factura diferente y la suma de ellos será el total de los gastos variables en la producción de un libro.
Por lógica deductiva, se creería que la suma de todos los gastos fijos más los variables da el total de la inversión que realiza la empresa editorial. Y para sacar el costo por unidad sólo se divide entre la cantidad de ejemplares del tiraje. En parte así es, sin embargo, existe un número factor por el cual se debe multiplicar al final y depende del país o la casa editora. En este factor, 5 estandarizado en México, se incorporan los descuentos a las librerías, los gastos de producción, las regalías del autor (un 10%), los gastos generales y la utilidad.
Así, con la suma de los gastos fijos más los gastos variables, divididos entre el número de ejemplares, multiplicados por cinco dan como resultado el precio de venta al público (PVP). Al final, éste, consecuencia de aspectos matemáticos y un poco de autoridad capitalista, es el costo por la lectura de un libro. 

domingo, 19 de febrero de 2012

La industria editorial y los que no leen

Una reflexión a propósito de las palabras de Datus C. Smith Jr. en Guía para la publicación de libros.

La industria editorial y los que no leen

En un país donde la lectura no está presente en las actividades cotidianas de sus habitantes, se creería que una industria editorial está destinada al fracaso. Sin embargo, existen por ahí algunos dispersos que gozan habitualmente de leer un buen libro o en su defecto, aquéllos que leen de forma ocasional.
No obstante, los encargados de producir libros poseen un mercado bastante amplio y complejo. Cualquiera que tenga en sus planes poner una empresa editorial, no importa el tamaño ni la ubicación geográfica, debe tener en la lista nominal a un autor, a un impresor, a un vendedor y al encargado de coordinar el proyecto, un editor.
El autor es quien piensa la idea y la escribe, se encarga de redactar todas las palabras que provengan de su mente, así como las ilustraciones que acompañen su obra. También puede ser un grupo de autores, esto dependerá de la complejidad y el objetivo del texto.
Este autor es el creador de su obra, posee todos los derechos y finalizado su manuscrito se da a la tarea de buscar alguna editorial interesada en publicar su libro. Algunos tienen que pasar varios rechazos antes de ser llevados a los aparadores de libros., ahí está García Márquez y el rechazo de Carlos Barral a su novela Cien años de Soledad.
Llegado el manuscrito a manos de un aventurado editor representante de alguna editorial, inicia el trabajo de corrección de estilo y corrección ortotipográfica, la edición y todos los detalles necesarios para pulir la publicación.
Previa a la impresión del material, es necesario escoger el tipo de papel, los colores y el empastado; no es lo mismo los millones de libros para la educación básica publicado por la SEP a un libro especializado en medicina o arte; la diferencia clara para el lector es el costo que paga por libro.
En este momento es cuando las máquinas comienzan a hacer su trabajo y una vez terminado el proceso de maquila, el editor se encarga de llevar el producto al área de ventas, ya sean las grandes librerías o los vendedores al menudeo.
Ésta no es una tarea sencilla. No se puede decir que en México los libros se comercialicen tan rápido como se agota la rosca de reyes en el zócalo de la ciudad. La dificultad en la labor de venta dependerá de diversos factores, los best-sellers tienen mayor suerte que un libro de Saramago o uno de física cuántica.
Varias son las campañas destinadas a impulsar el gusto por la lectura. La iniciativa privada y su “lee 20 minutos al día” o la librería Gandhi y sus simpáticos carteles han plagado las calles de esta campaña cuyos frutos han quedado en la mediocridad del 2.8 libros leídos per capita.
La industria editorial padece de una crisis constante, desde el surgimiento de la imprenta de Gutemberg en el siglo XV hasta los albores del siglo XXI, los libros se han considerado un privilegio en la sociedad. En aquellos años, la población en general no sabía leer ni escribir y aunque las estadísticas han disminuido, la gente no está interesada en la lectura. 

Melissa Jiménez López

Analógico vs Digital


Una reflexión a propósito de las palabras de Daniel Cassany en De lo analógico a lo digital

Analógico vs Digital 

Miles de años de evolución ha transitado la humanidad para establecer el tipo de vida que existe actualmente. Los niños de ahora nacen en un mundo completamente digitalizado y las generaciones anteriores se han adaptado a los cambios tecnológicos.

La vida transcurre tan rápido que comúnmente no nos detenemos a pensar sobre el origen de cuestiones, hoy tan simples, como son el lenguaje y la escritura.; elementos que hace algún tiempo fueron una verdadera revolución en las civilizaciones antiguas. 

Desde siempre, el ser humano ha tenido la necesidad de crear medios para facilitarse la vida. En un principio, las creaciones se hacían por la necesidad de subsistir y combatir las adversidades del ambiente.

Conforme se fue avanzando en la historia, los inventos han surgido para ir facilitando la vida cotidiana en la sociedad. En la actualidad, la tecnología se ha utilizado, no por necesidad ni para facilitar las actividades, sino como un modo de entretenimiento para las personas.

Sin embargo, antes de llegar a la era del entretenimiento con el uso de la tecnología hubo algo que verdaderamente revolucionó al mundo, una de las tecnologías más importantes que se han inventado a lo largo del tiempo: la escritura.

No obstante, la inmersión en la sociedad del radio, la televisión, las computadoras, los celulares y el Internet han modificado la forma de comunicación, incluida la escritura.

Las computadoras permiten que la escritura sea un proceso rápido y casi sin errores, la labor de corrección es instantánea y brinda al escribano una cantidad de posibilidades para adornar las palabras. Además permite almacenar infinitas obras sin ocupar tanto espacio.

Las TIC (tecnologías de la información y comunicaciones) invadieron el ámbito laboral, de estudio y también la vida familiar y privada de las personas; asimismo, vinieron a trasformar la forma en que nos comunicamos, ahora ya no sólo son letras y palabras, los elementos audiovisuales están en todas partes. 

En esta línea, el autor de De lo analógico a lo digital, El futuro de la enseñanza de la composición, Daniel Cassany afirma que una estructura hiper e intertextual logra que los textos sean un objeto más abierto, versátil, interconectado y significativos para los lectores, cuestión que logra cuasi perfecta internet.

Asimismo, en este texto el autor plantea las diferencias entre lo analógico y lo digital. Menciona que lo analógico permite la participación de pocos interlocutores, tiene acceso limitado mediante un mundo presencial, un canal visual lineal, posee un alto coste y lentitud. Mientas que lo digital permite la participación de interlocutores, un acceso ilimitado, canales audiovisuales con géneros nuevos a bajo coste y mayor velocidad. 

Es claro que el uso de las nuevas tecnologías no son sólo un cambio en la forma de realizar las actividades diarias sino son han provocado toda una transformación en la psique de las personas, lo cual provoca consecuencias positivas y otras negativas. 

No obstante, por mucho que la tecnología avance, los libros, los periódicos, las revistas y todos los medios impresos nunca van a desaparecer. Lo digital irá transformando la manera de comunicarnos y llevará a la sociedad por caminos insospechados. 

Melissa Jiménez López

lunes, 13 de febrero de 2012

Un mundo insospechado

Una reflexión a propósito de las palabras de Carlos Monsiváis en Elogio (innecesario) de los libros.
                                                                       Un mundo insospechado
“No vivo para leer, leo para vivir” decía el escritor argentino Jorge Luis Borges. Y vaya que algunos personas si se toman muy en serio ese gusto por la lectura, esa inmersión a mundos insospechados cuya única limitante es el infinito de la imaginación producido por las palabras.
            Sin embrago, la realidad de la población en general es lamentable. Predomina una falta de hábito en la sociedad, la cual se agudiza por el desinterés de los gobiernos por promover los libros; y los pocos lectores ocasionales prefieren los textos de autoayuda.
            Muchas son las razones por las cuales la gente no lee. En la antigüedad el principal culpable era el analfabetismo imperante entre los sectores menos privilegiados, cuya única misión en el mundo era trabajar para sobrevivir. Unos cuantos eran los que tenían acceso a los libros; la literatura y el conocimiento eran restringidos.
            En la actual era globalizada, los libros se han convertido en una industria cuyo interés está lejos de la promoción de la buena lectura; sus objetivos van más encaminados a la venta de los ejemplares que les reditúen mayor ganancia económica.
Es por eso que los best sellers son tan populares hoy en día. Los dueños de las grandes editoriales están al acecho de aquellas posibles publicaciones que se puedan posicionar en el común de la población; y gracias a estas ventas se pueda financiar la edición de obras clásicas de la literatura.
            Cabe mencionar, que no se deben satanizar a los libros cuyo tiraje es de millones de copias. Al contrario, estos ejemplares son un primer acercamiento a la lectura de aquéllos individuos ocasionales y quizá, con una gota de curiosidad, se puedan convertir en lectores habituales.
            Libros como la saga de Harry Potter han mostrado a los niños una posibilidad de entretenimiento que no conocían y que la precaria educación del país tampoco les ofrece. La culpa no es de ellos, pero la solución si está en sus manos.
            Es cierto, escasas familias son las que cultivan en sus hogares el gusto por la lectura. Son más bien los medios audiovisuales los predilectos para la distracción de la vida diaria. Existe la falsa creencia de que leer será aburrido y exclusivo de los estudiantes, lo que no saben es que un universo de posibilidades está esperando hasta al más exigente lector.
            De igual modo, nunca es tarde para comenzar con esta nueva afición; y los políticos en vez de ir y venir en hostilidades y enfrentamientos podrían tomarse un tiempo para hojear un libro y adentrarse en sus páginas. Sólo para que no queden mal cuando les toque hablar de algún tema referente a la literatura.
            Es que, ciertamente, los políticos no tienen un bagaje cultural muy amplio. Sus mentes no van más allá de un texto, cuyo verbo leer se limita a los discursos previamente estructurados por parte de su grupo de consejeros.
            Es por ello, que las políticas públicas no están interesadas en promover el desarrollo de la cultura, la ciencia y la tecnología. Los gobernantes no tienen prioridad por incitar el conocimiento en sus territorios.
            Leer no es cosa exclusiva de académicos e intelectuales, está al alcance de cualquiera que esté dispuesto a ofrecer su vida a cambio de incontables satisfacciones.

Melissa Jiménez López                                                                            13/febrero/2012

Aprendiendo a perdonar


 Este es un texto que escribí hace casi dos años. Es sólo un fragmento de la vida de aquella persona que escribirá en este blog, yo, Melissa Jiménez López. 

Aprendiendo a perdonar
Una honda herida llena de dolor que hora tras hora se hace más profunda. La oscuridad se agudiza, ya no queda ni la sombra de la luz alegre que un día reino por estas tierras. Indescifrables son las salidas. Estoy inmersa en una arena movediza que me succiona hacia sus adentros y no me deja escapar.
Ya no puedo más, me cuesta trabajo respirar, ya no llega el aire a mi cuerpo, me duele, me cala, me consume. No sé cómo llegué hasta aquí, no entiendo en qué momento se me salieron las cosas de control y en las manos se desvaneció mi tranquilidad.
Detrás de esa sonrisa en mi rostro hay centenares de lágrimas que quieren salir. Mis ojos se humedecen con el recuerdo constantes de mis sentimientos. La garganta se me ennudece y mi corazón pareciera que se detiene. Mi alma me pesa. Ya no sé qué hacer.
            Mí día a día me va echando en cara que no he perdonado, que me he equivocado,  tomé el camino erróneo y no sé a dónde voy. Me veo en el espejo y mi reflejo me restriega los inútiles intentos por estar bien.  Rompo ese espejo que se burla de mí, y ahora en añicos oigo la risa insonora de mis ojos reflejados en esos astillados fragmentos.
Mis órganos ya me fallan, me pasan la impagable factura de mis emociones. Me voy consumiendo en mi interior por la desesperación. Las cenizas de ese fuego que arde en el interior de mí ser salen por mis ojos en forma de gotas saladas que contornean mi semblante.
A mí alrededor está mi familia, ya no siento su presencia. No escucho sus pasos ni me interesa escucharlos. Rodeada de gente y yo me siento tan sola. Atrapada en el mundo que yo misma creé. No recuerdo dónde dibujé la salida.
Es un buen momento para echarle un vistazo a mi sistema familiar. Quién soy,  de dónde vengo, hacía dónde voy, son preguntas que los filósofos nunca han podido responder. Sin embrago, desde los primeros acercamientos a mi pasado, tuve la sensación de que iría encontrando la respuesta a ese mal que me persigue.
Decepcionar al ser que más amo, y decepcionarme a mí misma, no ha sido fácil. Aceptar que mis errores lastiman a otros y que traen daños irreparables se siente como morir quemado, pero por el sufrimiento. Nunca ha sido mi intención lastimar a mi madre.
Me pregunto a cada instante por qué no he perdonado, por qué me equivoqué, en qué momento perdí el control y el rumbo de mi vida. Veo en blanco y negro los colores llamativos. Prendo la radio y oigo sólo ruidos en lugar de melodías.
            Le cuestiono a mi cabeza el porqué de estar así. Respiro sin disfrutar el aire que entra por mi nariz y llega a mis pulmones. Camino rápido por la calle sin notar el paisaje, no me importa llegar a mi destino, pero tengo que arribar. Como y no percibo los buenos sabores de la comida que sólo mastico por la necesidad de comer.
            A lo largo de todo este proyecto, mi eje de investigación ha sido la pregunta constante de saber cómo es que a estas alturas de mi vida, en la plenitud de mi estudios universitarios, y que en teoría debería ser feliz, no lo soy por el simple hecho, que en realidad de simple no tiene nada, de no gozar los mejores momentos con las personas que me dieron la vida.
            Veo fotos de antaño y evocó lo alegre que solía sentirme. Una pequeña ráfaga de júbilo me invade y me hace querer volver a sentirme así. Dormir tranquilamente y despertar con una sonrisa es algo que anhelo.
            Hoy sólo hay noches agriadas en llanto, despertar a media madrugada ahogando mis gritos, tapando mi rostro con mi almohada, dando golpes a mi alma por el miedo a reconocer que aún no he perdonado y que vengo arrastrando dentro de cada poro de mi cuerpo los dolores convertidos en sufrimiento por sucesos pasados.
Nunca creí decir que eso estaría mal, pero no sé si lo está. Voy caminando sin rumbo, sólo hay una pequeña estela de las sonrisas que tenía en mi rostro que ahora fingen una felicidad amorfa en vida. Son mis ojos cansados de llorar los que me delatan, me traicionan mis ojeras, y mis uñas mordidas dan pinta de la tensión constante en mis días.
Desde aquella separación de mis padres no he vuelto a ser la misma. Existe un antes y un después en mi mirar hacia el mundo. En eso proceso no sólo fui espectador y afectada, fui réferi. Un pequeño cambio en mi cotidianidad, modificó mi mirar hacia el mundo.
Juzgué la situación y a mis padres. Me enojé, lloré hasta quedarme más seca que un desierto en sequía. Tenía doce años y no entendía lo que pasaba. Esa nueva realidad no me hacía feliz.
Durante mucho tiempo viví con el perdón atorado en mi garganta, por más que tosía e intentaba escupir esas palabras que me brindaran la paz en mi interior, no sabía cómo hacerlo, no estaba lista para dar la cara de aceptación a dicha situación.
Hipótesis hay muchas de por qué el verbo perdonar me cuesta tanto ejecutarlo. Quizá sólo sea arrogancia y egoísmo en mis actitudes, pero es un poco más profunda la razón.
Lastima aceptar que el dolor no se ha ido, quedó tan impregnada mi piel de ese sentimiento que hasta el momento en que se desvanezca podré gritar con el poder mis pulmones “estoy aprendiendo a perdonar”.
No sé qué me punza más, que se divorciara de mi mamá, que se separara de mí o que se alejara de mi hermanita. Si yo no comprendía qué pasaba, ella menos.
Pasaron los meses sin saber nada de “Raúl”. Me pinté bigotes y me puse corbata con tal de llenar el hueco inevitable en el pecho de aquella niña que no tenía ni la más pequeña culpa de lo que ocurría, sólo era víctima de las decisiones de sus padres.
Ahora se esclarece el hecho de que mi papel es el de hermana mayor, no tengo que ponerme en los zapatos de quien no soy, por más que de mi vida y  ame a ese ser, ya no siento la obligación de ser su padre.
Dicen por ahí que el tiempo es el doctor de los dolidos, indiscutiblemente con el paso de los años y al hoy tener en mis manos un reflejo de mi pasado, entiendo mucho de lo que antes no podía.
Las mentiras, la infidelidad, la dependencia al alcohol, son patrones de conductas constantes e inamovibles en  mi padre. Y son quizá una lealtad invisible hacía el suyo.
Decidí a no odiar más, y no conservar la basura de ese sentimiento.  No es el papá amoroso que yo quisiera, ni el superhéroe perfecto que de niña idealicé. Es un ser humano que se equivoca y que tiene una historia de fondo. Ahora puedo convivir cordialmente con su nueva esposa, pero sobre todo puedo compartir con él. Perdono los malos momentos y me siento más tranquila con eso.
Todo parecería ser miel sobre hojuelas en el plato de mi vida. Mi mamá, el ser que por antonomasia es mi ejemplo a seguir y una de las causas que me fortalece en mis debilidades. Juntas salimos victoriosas, y a veces no tanto, de lo que el camino nos presente.
Nunca creí que hubiera poder humano o sobrehumano que permeara la relación. Ni en mis más terribles pesadillas, había soñado el desgarrante dolor que quebranta hasta los huesos cuando no estoy bien con ella. Cruzamos la raya del respeto, pisoteamos el amor, entramos al cambo de batalla.
Hipótesis de esto, también podrían ser varias. Pero agacho la mirada al tener que reconocer que la razón que a gritos es la culpable de que durante varios meses, cada lunes por espacio de una hora me siente frente a un desconocido en un diván y trate de poner orden a lo que hoy es un desmadre.
Enamorarme nunca había sido tan doloroso, incluso es más sufrible que una gran decepción amorosa, una mentira de un ser querido o una traición de un buen amigo. El amor tiene muchas caras, los buenos momentos que lo valen todo, pero los malos momentos que hacen arrepentirse de hasta haber nacido.
El amor entre iguales no es sencillo, por qué poner un freno a lo diferente. Amor es amor sin importar de donde provenga o hacia donde sea su destino. Esos cosquilleos que siento en mi interior cuando la veo son los que me hacen soportar morirme lentamente por intentar digerir los  malos tragos que trae estar juntas.
Jamás imaginé vivir lo que hoy enfrentó, sentir que estoy desesperada y ya no encontrar la salida, qué hagan lo qué hagan no me puedan ayudar. Sólo ella y yo conoceremos el momento de la despedida, el segundo en qué ambas nos hayamos amado y destruido tanto que ya no queden más que llagas abiertas esperando cicatrizar.
            Hacer temblar la estabilidad en mi casa por causa de un amor e incluso de un viejo amigo, me tumba, estando de pie me tira hacía el suelo, y desde abajo quiero arreglar lo que está roto.
Me pongo a pensar si vale la pena vivir los días sin vivirlos. Y caigo en la cuenta de que tengo muchas razones por las cuales estar bien. Volver a sentir la fuerza, el amor, las ganas de salir de de mis murallas y recobrar mis ilusiones.
Llevo cargando conmigo una bandera blanca de paz, las cosas por su propio peso y con ayuda de la gravedad se arrastran hasta donde tienen que estar. Mi sendero no ha sido sencillo, he llorado por mi papá, por mi mamá, por un buen amor, por un amigo que extraño, por mis derrotas.
El tiempo lo cura todo, cada segundo duele menos, sigo mi vida, el sol sale cada mañana y en las noches una hermosa luna y un cielo con estrellas lo sustituye. El mundo sigue igual, con sus mismos problemas y sin sus mismas soluciones.
Estoy en la universidad, mi gran sueño es llegar a ser periodista, trabajo día a día (y unas cuantas noches también) para lograr mi meta. Tengo tantos planes, tantos sueños por cumplir. Levantarme con una sonrisa dibujada en mis labios es un buen inicio para continuar.
Unos pocos momentos definen el rumbo mi vida, días que pasan sin que suceda algo verdaderamente relevante. Pero cuando acontecen situaciones dignas de mención vale la pena gritarlas; si no son gratas, perdonar y seguir adelante y si son amables, sólo reír y seguir disfrutando.
            Hoy puedo recordar aquella vez que el son de los latidos de dos corazones me arrullaron, el danzar de los labios entrelazados en un beso profundo me adormecieron, estaba dormida entre sus labios, completamente enamorada, silenciada del mundo y totalmente feliz.

Melissa Jiménez López