viernes, 2 de noviembre de 2012

Artículo "Comic periodístico"


Cómic ornitorrinco

Un acontecimiento puede ser contado de un sinfín de maneras; el límite, la imaginación de quién lo cuente. Específicamente en el periodismo, la variedad depende principalmente de dos razones: la perspectiva desde donde se mira el suceso y los recursos que se utilizan para narrarlo.


            El presente trabajo hará énfasis en esa segunda cuestión que está relacionada con el cómo se representa la historia, los recursos estilísticos utilizados y la manera en que se muestra el producto final al receptor; ya sea por medio de la palabra escrita, las imágenes, el sonido o el audiovisual.
Podría contarse el mismo suceso en cada una de las plataformas y el resultado sería diferente; quizá coincidan las versiones pero definitivamente no es lo mismo hablar de un conflicto bélico mediante la descripción a través de las palabras en una columna del periódico a ver un documental con videos verídicos.
La prensa es el medio por antonomasia del periodismo, sus razones históricas sustentan su tradición; con la incursión del radio, lo sonoro cobró relevancia; para la llegada de la televisión se popularizaron los audiovisuales; ahora con el Internet, lo multimedia está tomando fuerza. Sin embargo, existe un soporte impreso cuya peculiar combinación entre texto e imagen ha sido relegado: la narrativa gráfica.

¿Qué es la novela gráfica periodística?
Un medio narrativo es un soporte que permite el proceso de comunicación. Por un lado están las bellas artes (arquitectura, escultura, pintura, literatura, danza y música) y por el otro, los medios masivos surgidos por los avances tecnológicos (radio, televisión, fotografía, cine, internet).
            En este sentido, el cómic es un medio narrativo por naturaleza pero no avanzó a la par que sus homólogos debido al modo en que se consume. Scott Mc Claud define al cómic como “las ilustraciones yuxtapuestas y otras imágenes en secuencia deliberada, con el propósito de transmitir información y obtener una respuesta estética en el lector”.
            También conocidas popularmente como historietas, éstas surgieron en las páginas de los diarios como modo de atraer más lectores, los más seducidos por los dibujos fueron los niños. Con el paso del tiempo, se empiezan a independizar del medio que los vio nacer, se complejizan las historias, la técnica se perfecciona y el público se amplía; finalmente se consolidaron en el siglo XX.



            No obstante, la relación entre el cómic y el periodismo no se exorcizó por completo. El cómic periodístico o la novela gráfica periodística es un género inmerso en una nueva forma de hacer periodismo; surge, en los sesenta en Estados Unidos y luego en el resto de mundo, el llamado “Nuevo Periodismo”.
            Esta “tradición de relaciones promiscuas”[1] es una especie de híbrido entre la literatura y el periodismo. Se utilizan los recursos estilísticos de la novela, la poesía y, en general, de la ficción pero con temáticas de la realidad o también llamados no-ficción.  El periodista y escritos Fernando Benítez decía que “el periodismo era literatura bajo presión”.
            Por otro lado, esta apertura de posibilidades para el ejercicio periodístico trajo consigo la ampliación de métodos y formas para contar los hechos. Ahí es cuando el cómic periodístico se inserta en el consumo de los lectores para presentarle una historia con los elementos del cómic de ficción con temas de no-ficción.
            Son trabajos creados para informar hechos reales, en donde el dibujante y periodista son uno mismo. Donde se cuenta la noticia a modo de historia y se muestra al autor dentro de ella; en muchas ocasiones también se incluye el proceso de la obtención de información y su elaboración.
Requerimientos periodísticos
El periodismo es la combinación entre la profesión basada en la teoría y el oficio aprendido en la práctica. Su labor consiste en “investigar, sintetizar, jerarquizar, interpretar y reconstruir la realidad de algún acontecimiento.”[2]
Asimismo, cabe aclarar que no cualquier hecho es digno de ser narrado, por ejemplo, en el periodismo, la información debe cumplir con ciertos parámetros para considerarse noticia: debe ser un hecho de interés general, novedoso, con relevancia social, que incluya personajes importantes, proximidad y 
trascendencia.

Existen diversos géneros periodísticos, “los informativos, como la nota periodística; los interpretativos, que incluyen la entrevista, la crónica y el reportaje; y los argumentativos u opinativos, la columna y el artículo de fondo.[3]
De igual modo, cada género es distinto según la plataforma en la que se presente; esto dependerá del objetivo e intención del periodista y del público al que va dirigido el mensaje.
El periodista debe realizar una investigación responsable de la información, recurre a varias fuentes para dar mayor credibilidad, explica las relaciones con el contexto y busca las causas que lo originan.  Cabe aclarar que su trabajo no va en busca de una verdad ni objetividad absoluta.
En el caso del cómic periodístico, no existe diferencia alguna. Es necesario que cumpla con los lineamientos del resto de los géneros, el proceso de investigación es prácticamente el mismo para cada medio narrativo, lo que varía es el proceso en que se construye el discurso de los resultados. Aquí se utilizan dibujos y viñetas para contar la historia.
Como por ejemplo
Para hablar de cómic periodístico es indispensable referir algunos ejemplos consolidados para visualizar la estructura del contenido. Se mostraran dos novelas gráficas, que a diferencia del cómic en general, poseen la estructura de principio, desarrollo y desenlace.
Maus. Relato de un superviviente fue creado por el estadounidense Art Spiegelman y publicado por la revista Raw. Dicho trabajo ha sufrido la dificultad de ser clasificado en un género, sin embargo, está tan bien contada la historia a través de los dibujos que recibió un premio Pulitzer en 1992.


La novela gráfica cuenta la historia verídica del padre del autor, Vladek Spiegelman, un judío polaco que vivió durante la Segunda Guerra Mundial. Además incluye lo referente a los hechos ocurridos en el Holocausto durante esas fechas. Es una historia de vida mediante los testimonios de las personas y es un referente histórico por los datos contextuales que se presentan.
Se hacen varios saltos en el tiempo a lo largo de los capítulos ya que se muestran las charlas entre padre e hijo durante el proceso de elaboración del trabajo y las anécdotas del padre son contadas mediante flashbacks. Ambos tiempos y espacios son presentados con viñetas, dibujos simples pero detallados y diálogos breves pero concisos.  
Un elemento característico de Maus es la utilización de animales para representar a sus personajes: ratones para representar a los judíos, gatos para los alemanes, cerdos para los polacos, ranas para los franceses, ciervos para los suecos y perros para los estadounidenses, así como peces para los ingleses.
            Otro ejemplo de novela gráfica periodística es la del canadiense Guy Delisle: Pionyang. En dicho trabajo de 2003, él relata su estancia en la capital de Corea del Norte, cuyo nombre da título al cómic. Mediante la presentación dibujada de varias anécdotas muestra las complicaciones a las que se enfrentó al entrar en contacto con la sociedad norcoreana cuando estaban bajo el régimen político de Kim Jong-il.
            La historia comienza cuando Delisle arriba a Corea del Norte para trabajar como supervisor de una serie de animación francesa. Desde su llegada al aeropuerto muestra los contrastes entre la cultura a la que él pertenece y los norcoreanos, así como los aspectos característicos de la vida política y social. 
             Por otro lado, la diferencia de dichos ejemplo con un cómic como Transmetropolitan, escrito por Warren Ellis e ilustraciones de Darick Robertson y publicada por DC Comics, cuyo trabajo es fiel a las historietas: estructuras gráficas con historias de ficción.
Por más alusión que exista de la realidad, su intención no es mostrar un trabajo estilo periodístico (incluso cuando el protagonista en un periodista). En cambio, en las novelas gráficas periodísticas se muestra una historia no-ficcional, con personajes verídicos y contextos reales.



Ganancias para el público
Las novelas gráficas encajan en esta, no tan nueva, era del nuevo periodismo. Son trabajos ornitorrincos que, como el animal con pico de pato, cola de castor y patas de nutria, incorporan en su elaboración elementos del cómic (viñetas, dibujos y diálogos en globos); la literatura (estructura novelesca de principio, desarrollo y desenlace de la historia); y el periodismo (investigación con hechos verídicos con testimonios de personajes reales).
            La miscelánea de los mejores fragmentos de otros géneros es una de las razones que enriquecen la posibilidad de ejercicio y consumo de información periodística. Existe mayor libertad de creación para el periodista y una gama de opciones disponibles para satisfacer los gustos del público. 


Fuentes Consultadas
·

[1] Chillón, Albert. Literatura y Periodismo, una tradición de relaciones promiscuas. España. 1999.
[2]  García Perdomo, Víctor Manuel; et ál. Manual de Géneros Periodísticos. Segunda Edición 2011.
[3] Ibídem 

Artículo "La llave de Sarah"


La llave de Sarah

Han pasado cerca de setenta años desde que “la ciudad del amor” vivió uno de los pasajes más oscuros de su historia actual. El gobierno francés llevó a cabo la operación “viento de primavera”, la cual consistió en el arresto de todas las personas judías, una política proveniente del gobierno nazi.
            La llave de Sarah es una película francesa del director Gilles Paquet-Brenner que cuenta la historia de Sarah, una pequeña niña judía que fue arrestada en París y trasladada al Vélodrome d´Hiver junto con sus padres, su hermano menor Michel se queda escondido en el armario de su casa.
Después de unos días en pésimas condiciones, son trasladados todos los judíos a los campos de concentración. Sarah logra escapar acompañada de otra niña con la única intención de salvar a su hermano, sin embargo, tiene que enfrentarse a los soldados y al rechazo de la población.
No obstante, una familia francesa la ayuda en su travesía por regresar a París pero cuando por fin logra su objetivo descubre que era demasiado tarde, su hermano de cuatro años había muerto.
Habiendo perdido a toda su familia, Sarah intenta rehacer su vida pero el dolor que ocasionó la tragedia de su pasado nunca le permitió estar completamente feliz, un día, después de muchos años, se quitó la vida.
La historia de Sarah es redescubierta por Julia Jarmond, una periodista americana que vive en París desde hace veinte años. Se casó con Bertrand Tézac, quien con toda su familia llegó a vivir al departamento de Sarah después de la guerra. Hecho que dejó un secreto en la familia y a partir de ahí las historias se comienzan a relacionar.
            Esta película es una adaptación del libro La llave de Sarah de Tatiana de Rosnay, aunque la autora ha declarado que los personajes no son reales, los hechos si los son, una vez más la realidad superó la ficción.          
En 1942 comenzaron a radicalizarse las políticas anti judías. Alrededor de 9000 policías recorrieron las calles de París para arrestar a 12884 judíos. De éstos, 7000 personas fueron enviadas al Vélodrome d´Hiver donde estuvieron varios días en condiciones inhumanas, sin comida, poco agua y unas terribles condiciones sanitarias.
            Familias enteras pasaron ahí sus últimos días juntos antes de ser deportados a los campos de concentración de Drancy, Beaune-la-Rolande y Pithviers para posteriormente pasar al listado de los más de seis millones de judíos asesinados durante la Segunda Guerra Mundial.
            Un total de 42 000 judíos que fueron deportados de Francia y llevados a campos de concentración. Al finalizar la guerra sólo 811 personas regresaron y el panorama que los recibió fue devastador, habían sido despojados también de sus casas y pertenencias.
            Suena increíble como en las faldas de la Torre Eiffel, en una ciudad llena de luces, comida, vinos y romance se haya perpetrado uno de los asesinatos más escalofriantes. Y así sucedió en el resto del mundo. 

Artículo "Museo de la Tolerancia"


Una mentira repetida mil veces sigue siendo mentira

En una sociedad en donde la mera supervivencia se ha convertido en la prioridad de muchos y donde la constante agresión a lo diferente se hace latente, dar un recorrido por el Museo de la Memoria y la Tolerancia pude ser un respiro para ubicar nuestro papel ante las situaciones del mundo.
             El museo expone principalmente dos temáticas, como su nombre lo indica por un lado se le destina la primer parte de la exposición a la memoria, al recuerdo del pasado, al recuento de los daños, a los actos cometidos, a lo que ya pasó.
Decía el poeta y filósofo español Jorge Santoyano que “aquel que no recuerda el pasado está condenado a repetirlo” y no estaba errado. Es fundamental que las futuras generaciones –y las actuales también- le echamos un vistazo a lo que ha ocurrido previamente con el mero objetivo de no volver a caer en eso.
Por otro lado, el tema al que obligatoriamente se alude es un valor que en ocasiones es mal interpretado como el aguantar al otro. No obstante, tolerar es más simple pero no por eso menos profundo, significa tener una relación armónica de nuestras diferencias.
Cómo poder llegar a una relación armónica de lo que nos hace diferentes unos a otros, si la historia está plagada de lo que hoy en día se le conoce como genocidio.
Este término es la intolerancia llevada a sus últimas consecuencias, la muerte. La Real Academia Española conceptualiza al genocidio como un crimen contra la humanidad con el objetivo de exterminar a un grupo racial, étnico, religioso o nacional.
En una hora 45 minutos con un recorrido guiado –tiempo no suficiente para profundizar en el tema pero que si da una visión amplia de los acontecimientos- se hace un listado de los genocidios más crueles e indignantes del siglo XX y XXI.
Transcurrían las primeras décadas del siglo pasado y se comenzaba a gestar una de las masacres más atroces e inhumanas que ha sufrido nuestro planeta. Más de seis millones de seres humanos perdieron la vida a manos de los nazis.
Despojados de todo derecho humano, sometidos a una degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron torturados y asesinados por el hecho de poseer ideologías diferentes consideradas inferiores según Adolfo Hitler.
Al principio la mayor parte de la población se encontraba indiferente antes estos acontecimientos, la situación era sabida pero nadie hacía nada al respecto. Un dicho popular dice que “si no eres parte de la solución, eres parte del problema”.
Cuando cesó la Segunda Guerra Mundial y según las cifras oficiales murió el 2% de la población de esa época se firmaron tratados que daban fin a la guerra, se tenía la idea que no volvería a ocurrir otro hecho similar que conmocionara al mundo.
Sin embargo, la historia nos ha demostrado que seguimos cojeando de la misma pierna. Situaciones como la Ex–Yugoslavia, Ruanda o conflictos más actuales de lesa humanidad como los de Guatemala, Darfur o Camboya demuestran que la discriminación por lo diferente sigue latente.
Así es. Vivimos en el folklore del siglo XXI, la tecnología se innova incansablemente a cada instante, el ser humano se siente omnipotente ante la naturaleza y –para no variar- la crisis política, social y económica están más intensas que en años previos.
Gente muriendo de hambre en Somalia, una persona en el mundo muere cada tres segundo por no tener que comer. Las bolsas de valores desplomándose en las potencias económicas de Europa, Asia y Estados Unidos, mil millones de personas viven con menos de un dólar al día.
Cada ser humano en el mundo es diferente al otro. La diversidad de color de piel, religión, sexo, preferencia política, orientación sexual, gustos musicales, edad, ideología, entre otras de las muchas diferencias que nos hacen únicos 

Crónica de un mural


Frente al mural 

Una vez más de regreso al Castillo de Chapultepec. Pero esta vez no fue la visita obligada del mes a un fastidioso museo –piensa una niña de 10 años-. Hoy recuerda que, hace algunos ayeres, lo más divertido de esos paseos era el folklórico recorrido en el camión escolar y compartir con los amigos un día de campo comiendo un sándwich y para rematar un día completo sin clases.
            Esas excursiones a los más prestigiados museos del Distrito Federal se añejaron en la memoria y sólo quedaron vagas imágenes del primer contacto con el arte, la ciencia o la historia. Sin embargo, vale la pena volver, con algunos cuántos libros más de experiencia, a esos excepcionales lugares.
            El retorno fue inusitado. Aquella primera sala antes de entrar a la historia alberga un pequeño fragmento de David Alfaro Siqueiros, el mural ofrece un viaje todo pagado en un túnel del tiempo a lo que él titula Del porfirismo a la Revolución.
            La primera parada deja ver al que fuera dictador por más de treinta años, algunos lo aman, otros tantos lo odian, pero sin duda alguna Porfirio Díaz es parte de México. En tan sólo una imagen queda inmortalizada la atmósfera del siglo pasado, se observa a un presidente pisando la constitución de 1857, elogiado por los “científicos” de la época y celebrando con música y bailes.
            Mientras aquello acontece, el pueblo mexicano escribe su historia en el campo de batalla. Algunos obreros cargan a una víctima caída por la represión de la huelga Cananea antesala del movimiento revolucionario encabezado ideológicamente por líderes como Marx, Bakunin y los Flores Magón.
A tan sólo unos centímetros (en el mural) los mexicanos desfilan y toman las armas guiados por personajes como Madero, Pino Suárez, Carranza, Zapata, Villa, Obregón, Calles, entre otros. Toda una representación de la nación en llamas, una imagen vale mucho más que mil palabras.
Como si lo ya visto no hubiera sido suficiente, la vista se queda fija en el alma del mural: el movimiento. Cada paso dado por el espectador a lo largo de la diminuta sala pareciera ser seguido por un revolucionario montando a caballo; esto simboliza el final de la lucha armada.
Para concluir la obra de arte está el mar de cadáveres, el cual refleja el costo de un millón de muertes en la Revolución Mexicana. Así de concreto y sin censura Siqueiros, a través de su brocha, muestra como se percibía el movimiento en aquella época; que no difiere al pensamiento actual.
 Sin duda haber vuelto valió la pena. Es una valiosa oportunidad apreciar el talento de uno de los tres representantes del muralismo en México. Tener la oportunidad de interpretarlos, apreciar su técnica pero sobre todo sentir e identificarse con lo mostrado es una grata experiencia.


Mural: Del porfirismo a la Revolución. David Alfaro Sequeiros. Acrílico y piroxilina sobre tela. Concluido en 1966.

Crónica de una cantina


El borracho de oro


“Estoy en el rincón de una cantina, oyendo una canción que yo pedí. Me están sirviendo ahorita mi tequila. Ya va mi pensamiento rumbo a ti. Yo sé que tu recuerdo es mi desgracia y vengo aquí nomás pa' recordar. ¡Qué amargas son las cosas que nos pasan, cuando hay una mujer que paga mal!”.
Cantaba José Alfredo Jiménez en la cantina “El León de Oro”. Los mariachis amenizaban con baladas rancheras escuchadas dos calles a la redonda.  Con sus trajes ajustados dejan ver las lonjas del sobrepeso, cantan entre las mesas “… dos de cortesía y lo que guste de propina” (mínimo cincuenta, eh).
El ambiente es una mezcla heterogénea, bebés de apenas seis meses que lloran sin razón; niños fastidiados que se distraen con sus videojuegos; parejas de edad avanzada inspirados en su plática; un individuo con traje almidonado hablando por Black Berry, mientras le bolean los zapatos; uno que otro grupo más numerosos que celebra algún cumpleaños; un par de mesas de señores, con panza chelera y el botón a punto de salirse del ojal, apostando en el dominó.
Pero no podía escaparse de la disolución aquel hombre dormido de borracho que, con un caballito de tequila a medio tomar, brinda hacia la nada. Una fiesta con un poco de abolengo y otro tanto de arrabal arrullan a este individuo que pasa desapercibido.
Los meseros ya lo conocen, si existiera la tarjeta de “invitado especial”, seguro él tendría la membrecía de cliente consentido. Su nombre es Fernando Jiménez, quizá pariente lejano de aquel famoso compositor, quizá simple coincidencia de apellido, al igual que los más de cien en el directorio telefónico. 
Va por lo menos tres veces a la semana desde hace casi veinticinco años, ha visto pasar aproximadamente la mitad de las historias bebidas en esta cantina. La primera vez que cruzó esas emblemáticas puertas abatibles fue porque lo dejó su primera esposa. Lo cambiaron por una mujer.
Es tradición para muchos y la comida es gratuita mientras se siga tomando. La carta ofrece jugosos cortes de carne, extravagantes mariscos o algunos antojitos mexicanos, pero… ¿para qué abrir ese menú?, si la botana comienza con taquitos de barbacoa.
Ahora sí las bebidas. El Sr. Jiménez posiblemente sea jubilado de algún puesto importante para solventar sus cotidianas visitas, ya que la cerveza más pequeña, que sólo aumenta la sed, está en cuarenta y siete y, de ahí los precios van en ascendencia hasta las botellas de vino fino de setecientos y mil pesos.
Dicen los que trabajan ahí, que dormirse es lo más tranquilo que ha hecho; una vez, como típico borracho, vomitó el vino ingerido al cantar “tu recuerdo y yo”. En otra ocasión, perdió el control de sus esfínteres, se orinó en los pantalones y ensució toda la mesa. Otra noche, justo en el cierre, el tequila se adueño de sus acciones y empezó a barrer con los empleados. Las locuras que se hacen cuando se trae en las venas más alcohol que sangre. 
Sólo se despertó para comer la sopa del día y se volvió a dormir; lo dejan descansar y luego se va solito a su casa. El joven que prepara los manjares líquidos para los consumidores, apodado barman, se dice extraño conocido de Fernando. Se han puesto hasta la madre brindando por sus respectivos amores, por las desilusiones del desamor, por los corajes de las traiciones, por los despechos de las mujeres que los dejaron; por su dolor mutado en sufrimiento y sanado con algunas borracheras. 
“¿Quién no sabe en esta vida la traición tan conocida que nos deja un mal amor? ¿Quién no llega a la cantina, exigiendo su tequila y exigiendo su canción? Me están sirviendo ya la del estribo. Ahorita ya no sé si tengo fe; ahorita solamente ya les pido que toquen otra vez ‘La que se fue’.”