lunes, 26 de marzo de 2012

Producir un libro es igual que las matemáticas

Una reflexión a propósito de las palabras de Roberto Zavala Ruiz en “El libro y sus orillas”.

Producir un libro es igual que las matemáticas

La tradición de los libros se remonta a miles de años atrás. La forma de concebirlos ha cambiado, se ha mejorado con el avance de la tecnología e incluso se han formado estándares a nivel mundial para tratar de unificar la producción de las publicaciones.

            Pocas cosas son iguales, o con la mayor similitud posible, alrededor del mundo. Las matemáticas tienen prácticamente las mismas reglas de ejecución, sumar y restar se hace de la misma manera en un país con altos índices económicos que en uno con vías de desarrollo.

            Los libros tienen esta misma característica que las matemáticas. En cualquier rincón de la Tierra no habría persona que no pudiera reconocer un libro: un montón de páginas (más de 49 según la UNESCO) unidas de algún modo a través de una cubierta más gruesa.

            Pareciera sencillo identificar esos elementos, sin embargo, al momento de la edición se requiere de contemplar otros aspectos importantes para que den vida a la publicación. Del mismo modo, estos casi no tienen variaciones entre las fronteras territoriales.

            En general, una publicación digna de llamarse libro debe tener una primera cubierta de forros con título, autor y editorial; una segunda de forros; una o dos páginas falsas; una protadilla; una contraportada; una portada; una página legal con todos los datos del libro; una dedicatoria; un índice; el texto; un apéndice; cuadros y material; una bibliografía; un glosario; un índice analítico; un colofón; una tercera de forros; y por último, una cuarta de forros.

            Asimismo, la división del libro debe contener la jerarquización de los temas, los capítulos y subcapítulos; cada editorial tiene sus reglas de estilo que varían el tipo y tamaño de la letra, la colocación, el número y el colgado o espacio entre el título y el resto del texto.

            La estructura de los párrafos también es muy importante. Los hay normales, cuando sólo se pone sangría en el primer párrafo; los hay franceses, donde todos llevan sangrías; y los hay modernos, sin ninguna sangría para ahorrar espacio, papel y dinero.

            En el momento de la impresión y encuadernación, también se utilizan reglas estándares. Los cortes que se realizan son en la parte superior o cabeza, en la parte lateral y en la parte inferior o pie; todo esto con el objetivo de dar forma física a la publicación.

            Las normas están establecidas, no obstante, cada país y casa editorial adaptará los estándares y los trasladará a su realidad. Dependerá de los recursos financieros que se poseen, lo que permeará el tipo y calidad de materiales empleados en la producción de un libro. 

lunes, 19 de marzo de 2012

En búsqueda de la perfección

Una reflexión a propósito de las palabras de Datus C. Smith Jr. en Guía para la publicación de libros, en el capítulo Corrección de Estilo.   

En búsqueda de la perfección

Un camino arduo y sinuoso es el recorrido de un manuscrito hasta llegar a su destino final, ser publicado. El encargado de guiar esta travesía corre a cargo de un experto en materia editorial, el corrector de estilo.

Su participación es fundamental, sin embargo, su labor nunca termina; es preciso enfatizar que un corrector de estilo no puede eliminar las erratas, no obstante, si las exorciza. Su trabajo se basa en apoyar la legibilidad y lecturabilidad de un libro.

El objetivo de todo corrector de estilo es la búsqueda y erradicación de erratas, gazapos y distales. Esta labor es indispensable en cada libro; paradójicamente “si su trabajo está bien hecho, su participación pasa desapercibida pero si su labor carece de calidad, se hace presente su ausencia”.

             Asimismo, se puede hacer una tipología del corrector: primero, el encargado del estilo, él revisa el manuscrito buscando dar uniformidad y claridad sintáctica, además corrobora la temporalidad y coteja datos; después, el corrector de pruebas, él corrobora las pruebas previamente formadas del libro, confirma la familia tipográfica y los márgenes, la división de palabras, así como cifras y repeticiones; por último, el cuidador editorial, él brinda un cuidad general a la obra en cuanto a la edición, diseño, corrección y producción de una publicación.

            En la actualidad, debido a la necesidad de reducir costos en las empresas editoras, una persona es la encargada de realizar todo el trabajo de corrección. Para ello, se vale de herramientas como diccionarios de uso y especializados, manuales de estilo y algunos recursos digitales.

            Del mismo modo, es necesario considerar que el trabajo de un corrector de estilo debe ser metódico y anónimo; además de poseer una amplia cultura general y un vasto bagaje del trabajo hecho por el resto del gremio.

            Esta odisea por intentar alcanzar la perfección obliga a la continua lectura del manuscrito, lo cual no garantiza un trabajo pulcro y sin errores pero su constancia y esfuerzo se suman para llevar al lector un libro de calidad. 

El arte de hacer un libro

Una reflexión a propósito de las palabras de Datus C. Smith Jr. en Guía para la publicación de libros, en el capítulo Diseño del Libro.  

El arte de hacer un libro

La creación de un libro es símil a la producción de una obra de arte, por consecuencia, el trabajo del diseñador es igual al de un artesano. Dicho personaje se encarga de determinar las características físicas que tendrá la publicación.

Un manuscrito debe pasar por el proceso de convertirse en libro, para esta labor se requiere que el diseñador posea un refinado gusto artístico y un vasto conocimiento en el área de impresión y edición. En una empresa editorial, el trabajo es resultado del esfuerzo en equipo.

Hablar de características físicas de un libro es tomar en cuenta las medidas de las páginas, el tipo de letra, la ubicación en cada página, los márgenes, el espacio entre las líneas, los títulos, el número de páginas, las ilustraciones y tablas que sean necesarias para acompañar al texto, el tipo de papel, la encuadernación y, por último, la cubierta.

Asimismo, un diseñador debe preocuparse por equilibrar los intereses económicos entre la empresa editorial y el público consumidor. Para esto es indispensable tomar las mejores decisiones para seleccionar el material ideal sin general altos costos; esto sin perder la idea original del autor.

Para calcular el costo de cada publicación debe considerarse que el precio de la tipografía depende del número de caracteres, no varía según el tamaño. Del mismo modo, el costo del papel y la impresión sí varía con el número de páginas de cada libro.

Otra cuestión, por antonomasia, en el diseño de un libro es su portada. En éste rubro se incluye la elección de la portada, si será suave o dura, con forro de tela, papel o piel, además de considerar el tipo de letra que tendrán los títulos y las ilustraciones; todo esto se convertirá en la carta de presentación de una obra.

Por último, ya que el diseño de la publicación está terminado es momento de hacerlo tangible, es decir, llevar los archivos a la imprenta y prepararlos para la impresión. Cada diseñador elegirá la imprenta que ofrezca mayores beneficios para la empresa, considerando el precio, la calidad y el tipo de material que utilizan.

El papel del diseñador en una casa editorial es fundamental para el éxito de un libro, de él depende que un libro tenga un costo accesible para los lectores, que el aspecto físico sea de calidad y belleza, y que además toda la inversión sea redituable económicamente.

No es tarea sencilla, se requiere de una mente capaz de conjuntar un gran número de especificaciones en una obra de arte. Dicen por ahí que de la vista nace el amor, y, es cierto. Un buen libro merece una buena portada, la cual será el anzuelo para capturar a sus lectores.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Trata de libros

Trata de libros





Son usurpados de su lugar de origen, obligados a trabajar apócrifamente en lugares prohibidos y bajo la sombra de la ilegalidad. Pese a que su destino es exhibirse, no están preparados para su nueva residencia. Le puede tocar a cualquiera, desde los más elegantes y pomposos hasta los más modestos y sencillos. Todos son vulnerables a caer en esa mafia, la trata de libros.
            Y dónde más podría darse esta afluencia de mercado negro que en un lugar donde los reúne a todos, la Feria Internacional del Libro de Minería. Este evento pone a disposición masiva una vasta muestra de ejemplares, un manjar ideal para aquellos sagaces ladronzuelos que van en busca de una presa fácil para sacar provecho ilícito.
            En tan sólo siete días, del 22 de febrero al 5 de marzo, se dan cita miles de personas para codearse con las editoriales. Para todos hay, niños, jóvenes y adultos se apretujan entre los pasillos para ver los anaqueles atiborrados con textos dispuestos a ofrecer sus páginas a cualquier lector ansioso de  aventurarse a un mundo insospechado.
            No sólo están los especialistas en literatura y poesía, también los cuentos para niños o los versados en ciencia y filosofía. Todos se reúnen aquí, sin importar su condición están expuestos, en igual de posibilidades, a ser víctimas de una más de las modalidades de la delincuencia que azota al país. Un rubro no tan común pero no por eso menos grave.
            Un joven de apenas 19 años vigila sigilosamente a los visitantes escurridizos que aprovechan el tumulto para, con técnicas poco ortodoxas, ultrajar a su víctima. El agredido no pone resistencia, él no sabe distinguir entre quien lo toma con el deseo de leerlo o quien lo coge con la pretensión de lucrar.
            Cristian Montero trabaja para la editorial TusQuets, ésta tan sólo cuenta con unos pocos metros cuadrados en esta feria del libro, sin embrago, su probabilidad de ser objeto de un desfalco lo hace tener que estar a “las vivas” para evitar, en la medida de los posible, un robo.
            “Mi jefe nos dice que atendamos al cliente, le demos información sobre los libros pero que no descuidemos a las visitas furtivas que hurtan los ejemplares”, Cristian asegura que hasta el momento no han tenido un incidente lamentable, sin embargo, al final de la feria se hace registro del inventario y descubren la inminente realidad, hay un déficit de libros.
            Todas las editoriales conviven en armonía, no es una pelea de competencia por ver quién es el líder en la cadena de ventas. Sí, hay intereses en el juego de la ruleta del azar de las empresas editoras, no obstante, el público fiel es constante. Aunque otros tantos afirman que la concurrencia ha disminuido, las causas son variables, inciertas pero reales.
            En esta multitud de libros, hay unos que están exhibidos por el mero deleite de difundir la cultura y la ciencia. Su propósito no es ganar dinero sino llegar a un lector ávido de conocimiento. Sergio Vargas, encargado del acervo de materiales editados por la UNAM dice que de los 49 mil libros en venta sólo el 35% logra venderse.
            Un inexperto muchacho, con apariencia secundina le pregunta a Sergio por la recomendación de un libro, él simplemente le dice “el mejor libro es el que te llame la atención, ese es el que vas a leer con gusto”. Una contestación de apariencia lógica pero con un gran significado.
Esa idea romántica de cuento de hadas no se aplica para los hurtadores de libros. Ellos no están interesados en leer, están amaestrados para olfatear al endeble victimario que será materia prima del negocio sucio.
            Sus derechos están protegidos, pero pareciera que las reglas se hicieron para quebrarse y las que resguardan la integridad de los libros, no son la excepción. La Ley Federal de Derechos De Autor salvaguarda y promueve el acervo cultural asimismo asegura la protección de la propiedad intelectual de cualquier obra.
            El grupo Santillana es parte de un consorcio empresarial (Grupo PRISA) que incluye varios medios de comunicación, incluidas varias editoriales como Taurus, Punto de Lectura, Aguilar, entre otras. Esteban Jiménez, encargado del stand de Santillana asegura que la piratería y el robo de libros afectan hasta un 10% en las ganancias.
            Situación bastante incómoda para autores, editores, diseñadores y todo el personal participe en la publicación de un libro. Aquella ley perece ante el apremiante mercado ilegal instaurado a unas pocas calles de la sede del encuentro internacional.
            Los libros son víctimas indefensas ante los cleptómanos que arriban al Palacio de Minería, estos delincuentes se camuflan entre los compradores para después prostituir en el mercado a aquellos ejemplares que hayan tenido la desdicha de caer en sus bolsillos. La trata de libros es una deleznable actividad, conocida por todos y sancionada por nadie.