Una reflexión a propósito de las palabras de Roberto Zavala Ruiz en “El libro y sus orillas”.
Producir un libro es igual que las matemáticas
La tradición de los libros se remonta a miles de años atrás. La forma de concebirlos ha cambiado, se ha mejorado con el avance de la tecnología e incluso se han formado estándares a nivel mundial para tratar de unificar la producción de las publicaciones.
Pocas cosas son iguales, o con la mayor similitud posible, alrededor del mundo. Las matemáticas tienen prácticamente las mismas reglas de ejecución, sumar y restar se hace de la misma manera en un país con altos índices económicos que en uno con vías de desarrollo.
Los libros tienen esta misma característica que las matemáticas. En cualquier rincón de la Tierra no habría persona que no pudiera reconocer un libro: un montón de páginas (más de 49 según la UNESCO) unidas de algún modo a través de una cubierta más gruesa.
Pareciera sencillo identificar esos elementos, sin embargo, al momento de la edición se requiere de contemplar otros aspectos importantes para que den vida a la publicación. Del mismo modo, estos casi no tienen variaciones entre las fronteras territoriales.
En general, una publicación digna de llamarse libro debe tener una primera cubierta de forros con título, autor y editorial; una segunda de forros; una o dos páginas falsas; una protadilla; una contraportada; una portada; una página legal con todos los datos del libro; una dedicatoria; un índice; el texto; un apéndice; cuadros y material; una bibliografía; un glosario; un índice analítico; un colofón; una tercera de forros; y por último, una cuarta de forros.
Asimismo, la división del libro debe contener la jerarquización de los temas, los capítulos y subcapítulos; cada editorial tiene sus reglas de estilo que varían el tipo y tamaño de la letra, la colocación, el número y el colgado o espacio entre el título y el resto del texto.
La estructura de los párrafos también es muy importante. Los hay normales, cuando sólo se pone sangría en el primer párrafo; los hay franceses, donde todos llevan sangrías; y los hay modernos, sin ninguna sangría para ahorrar espacio, papel y dinero.
En el momento de la impresión y encuadernación, también se utilizan reglas estándares. Los cortes que se realizan son en la parte superior o cabeza, en la parte lateral y en la parte inferior o pie; todo esto con el objetivo de dar forma física a la publicación.
Las normas están establecidas, no obstante, cada país y casa editorial adaptará los estándares y los trasladará a su realidad. Dependerá de los recursos financieros que se poseen, lo que permeará el tipo y calidad de materiales empleados en la producción de un libro.
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