Una reflexión a propósito de las palabras de Datus C. Smith Jr. en Guía para la publicación de libros, en el capítulo Corrección de Estilo.
En búsqueda de la perfección
Un camino arduo y sinuoso es el recorrido de un manuscrito hasta llegar a su destino final, ser publicado. El encargado de guiar esta travesía corre a cargo de un experto en materia editorial, el corrector de estilo.
Su participación es fundamental, sin embargo, su labor nunca termina; es preciso enfatizar que un corrector de estilo no puede eliminar las erratas, no obstante, si las exorciza. Su trabajo se basa en apoyar la legibilidad y lecturabilidad de un libro.
El objetivo de todo corrector de estilo es la búsqueda y erradicación de erratas, gazapos y distales. Esta labor es indispensable en cada libro; paradójicamente “si su trabajo está bien hecho, su participación pasa desapercibida pero si su labor carece de calidad, se hace presente su ausencia”.
Asimismo, se puede hacer una tipología del corrector: primero, el encargado del estilo, él revisa el manuscrito buscando dar uniformidad y claridad sintáctica, además corrobora la temporalidad y coteja datos; después, el corrector de pruebas, él corrobora las pruebas previamente formadas del libro, confirma la familia tipográfica y los márgenes, la división de palabras, así como cifras y repeticiones; por último, el cuidador editorial, él brinda un cuidad general a la obra en cuanto a la edición, diseño, corrección y producción de una publicación.
En la actualidad, debido a la necesidad de reducir costos en las empresas editoras, una persona es la encargada de realizar todo el trabajo de corrección. Para ello, se vale de herramientas como diccionarios de uso y especializados, manuales de estilo y algunos recursos digitales.
Del mismo modo, es necesario considerar que el trabajo de un corrector de estilo debe ser metódico y anónimo; además de poseer una amplia cultura general y un vasto bagaje del trabajo hecho por el resto del gremio.
Esta odisea por intentar alcanzar la perfección obliga a la continua lectura del manuscrito, lo cual no garantiza un trabajo pulcro y sin errores pero su constancia y esfuerzo se suman para llevar al lector un libro de calidad.
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