martes, 23 de octubre de 2012

Crónica de una ida al cine


La orden, por favor

“Bienvenidos a la magia del cine”

            Último piso en Galerías Plaza de las Estrellas, los señalamientos vociferan que se sigan las flechas para llegar. Lo primero que se observa son las pantallas delineadas con luces neón donde aparecen las funciones del día.
Lunes, martes y jueves son los días con menos clientes en el cine. No obstante, un sábado por la tarde la espera comienza desde las cuantiosas filas para comprar un boleto en taquilla. Los precios oscilan entre cincuenta y ochenta pesos según la zona de ubicación y el formato de la película (normal o 3D).
             Cada bloque de tiempo en que comienza una función la gente se forma para comprar el alimento que desee ingerir. Desde las reglamentarias palomitas de mantequilla y refrescos en combos de doscientos pesos hasta lo más insólito para ver una cinta: una copa de vino o una cerveza fría.
El lunes por la mañana se prepara todo en el cine para recibir los productos que se venderán a lo largo de la semana. Los anfitriones (jóvenes que atienden en el cine) apenas y se dan abasto con la gente que se acumula los fines.
Jacobo Espinosa lleva cinco meses en Cinemex Palacio Chino y por su experiencia afirma “es una joda el trabajo. Los gerentes son exigentes en la higiene del servicio y la gente muy complicada de satisfacer”.
            Todo este “show” comenzó como un proyecto entre los estudiantes Adolfo Fastlicht, Matthew Heyman y el mexicano Miguel Ángel Dávila Guzmán, quienes buscaban reinventar el concepto de proyección de películas en México. En 1996 inició operaciones el primer complejo en Pabellón Altavista, de ahí se ha ido consolidando como una empresa líder en su ramo, según su página de internet.
            En 2008, Miguel Ángel Dávila, Director General y fundador de Cinemex, deja el cargo argumentando que “había perdido la magia del cine”. El nuevo dueño Germán Larrea empresario de MMCinemas arranca con un nuevo proyecto de reestructuración.
Cual secreto de estado, los números estadísticos de las ventas por cada producto en Cinemex son confidenciales. Los jóvenes que trabajan en la empresa por $17.50 la hora firman un contrato de exclusividad el cual les prohíbe hablar de los “secretos” del cine así como trabajar en la competencia.
El consorcio cinematográfico posee estrategias de mercado que obligan subliminalmente al cliente a consumir más de lo que necesita. La consigna de los gerentes es “aquí la chamba es vender, convencer al invitado que compre más. De cada producto que se venda en dulcería sale el sueldo de los empleados” cuenta Jacobo.
“Hacen concursos entre nosotros y premian al que haya vendido más productos. El corte de caja más alto que tuve en dulcería fue de veinticinco mil pesos”, comenta.
Andrés, invitado especial de Cinemex, viene sólo. “Cuando vengo con toda la familia gastó hasta ochocientos pesos pero no importa con tal de convivir con mis seres queridos, hoy sólo fueron cien”.
Antonio, un joven de veintiocho años, viene al cine con quien él dice será su futura novia. “Fueron como cuatrocientos pesos, no importa cuánto dinero gaste, vale la pena en estas citas para quedar bien. Compramos un combo parejas aunque a mí ni me gustan las palomitas” cuenta mientras su acompañante sale del baño.
Además de las golosinas, Cinemex ofrece a sus invitados la posibilidad de comer algo de alguna de sus franquicias de alimentos, cafeterías o heladerías. Jacobo y sus compañeros son quienes atienden y aseguran que la variedad de alimentos es muy extensa, no obstante, no toda es saludable.
            Un grupo de cuatro adolescentes de quince años se avientan las palomitas entre ellos sólo por diversión. Entre amigos, las cosas son diferentes. Al ser entrevistados comentaron que los gastos se los dividen entre todos y así sale más barata la ida al cine.
            Por el otro lado, también hay gente que no consume nada. Héctor de cuarenta y cinco años quien viene acompañado de su esposa afirma “pasamos a comer a un restaurante de comida china, preferimos comer bien y si acaso acompañar la película con un helado”.
            Aún no comienza la película y la sala está abarrotada por ser un estreno tan esperado. Se oye el murmullo de los impacientes por ver la cinta, los sonidos de la comida masticándose en la boca y el sorbo de los popotes en el refresco jumbo.
            Los niños sentados sobre sus bancos para ver mejor se manifiestan ansiosos por ver la película mientras sus botes de palomitas ya van a la mitad. Ana, la mamá de un pequeño de diez años, abandona la sala a la media hora de empezada la cinta y regresa con el “refil” de palomas.
            También están las personas que ingresan alimentos o golosinas de contrabando. Guadalupe viene con sus dos hijos “pasamos a la tienda a comprar dos bolsas de papás y unos jugos, fueron treinta y cinco pesos; en la dulcería de Cinemex hubiéramos gastado mínimo cien”.
            En contraste, para los visitantes más exigentes, Cinemex ofrece el servicio platino. Aquí los precios se duplican y hasta triplican. En el menú de la comida está un platillo de comida italiana acompañado de una variedad de cocteles. El servicio y las salas también son de lujo.
Martha Caballero, enfermera del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), asevera que un 90% del total de los derechohabientes que atiende al día presentan algún problema de sobrepeso y obesidad, así como padecimientos de salud que se derivan de éstos.
“Los adultos tienen un grave problema de malos hábitos alimenticios y una vida sedentaria. La comida que ingieren es alta en grasas y azucares, sin embargo, el problema no son las palomitas sino la enorme cantidad que comen”, asegura la enfermera.
Entran el personal de limpieza aún cuando los créditos no se han terminado. Carlos, empleado por más de dos años, afirma “dejan siempre un cochinero en la sala, a la gente no le importa dejar su basura pero eso sí, cuando llegan a la sala se quejan si encuentran una palomita en el suelo”.
Parece que el gasto del fin de semana ha terminado pero aún falta pagar el estacionamiento de la plaza comercial. Los precios de éstos varían según la zona entre cincuenta y cien pesos.
Las personas entrevistadas coinciden en que comprar una película pirata de diez pesos afuera del metro, un guisado casero, un par de bolsas de palomitas de microondas y el refresco de dos litros sale mucho más barato que ir todos al cine. 
 “Gracias por su visita”