domingo, 19 de febrero de 2012

La industria editorial y los que no leen

Una reflexión a propósito de las palabras de Datus C. Smith Jr. en Guía para la publicación de libros.

La industria editorial y los que no leen

En un país donde la lectura no está presente en las actividades cotidianas de sus habitantes, se creería que una industria editorial está destinada al fracaso. Sin embargo, existen por ahí algunos dispersos que gozan habitualmente de leer un buen libro o en su defecto, aquéllos que leen de forma ocasional.
No obstante, los encargados de producir libros poseen un mercado bastante amplio y complejo. Cualquiera que tenga en sus planes poner una empresa editorial, no importa el tamaño ni la ubicación geográfica, debe tener en la lista nominal a un autor, a un impresor, a un vendedor y al encargado de coordinar el proyecto, un editor.
El autor es quien piensa la idea y la escribe, se encarga de redactar todas las palabras que provengan de su mente, así como las ilustraciones que acompañen su obra. También puede ser un grupo de autores, esto dependerá de la complejidad y el objetivo del texto.
Este autor es el creador de su obra, posee todos los derechos y finalizado su manuscrito se da a la tarea de buscar alguna editorial interesada en publicar su libro. Algunos tienen que pasar varios rechazos antes de ser llevados a los aparadores de libros., ahí está García Márquez y el rechazo de Carlos Barral a su novela Cien años de Soledad.
Llegado el manuscrito a manos de un aventurado editor representante de alguna editorial, inicia el trabajo de corrección de estilo y corrección ortotipográfica, la edición y todos los detalles necesarios para pulir la publicación.
Previa a la impresión del material, es necesario escoger el tipo de papel, los colores y el empastado; no es lo mismo los millones de libros para la educación básica publicado por la SEP a un libro especializado en medicina o arte; la diferencia clara para el lector es el costo que paga por libro.
En este momento es cuando las máquinas comienzan a hacer su trabajo y una vez terminado el proceso de maquila, el editor se encarga de llevar el producto al área de ventas, ya sean las grandes librerías o los vendedores al menudeo.
Ésta no es una tarea sencilla. No se puede decir que en México los libros se comercialicen tan rápido como se agota la rosca de reyes en el zócalo de la ciudad. La dificultad en la labor de venta dependerá de diversos factores, los best-sellers tienen mayor suerte que un libro de Saramago o uno de física cuántica.
Varias son las campañas destinadas a impulsar el gusto por la lectura. La iniciativa privada y su “lee 20 minutos al día” o la librería Gandhi y sus simpáticos carteles han plagado las calles de esta campaña cuyos frutos han quedado en la mediocridad del 2.8 libros leídos per capita.
La industria editorial padece de una crisis constante, desde el surgimiento de la imprenta de Gutemberg en el siglo XV hasta los albores del siglo XXI, los libros se han considerado un privilegio en la sociedad. En aquellos años, la población en general no sabía leer ni escribir y aunque las estadísticas han disminuido, la gente no está interesada en la lectura. 

Melissa Jiménez López

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