miércoles, 7 de marzo de 2012

Trata de libros

Trata de libros





Son usurpados de su lugar de origen, obligados a trabajar apócrifamente en lugares prohibidos y bajo la sombra de la ilegalidad. Pese a que su destino es exhibirse, no están preparados para su nueva residencia. Le puede tocar a cualquiera, desde los más elegantes y pomposos hasta los más modestos y sencillos. Todos son vulnerables a caer en esa mafia, la trata de libros.
            Y dónde más podría darse esta afluencia de mercado negro que en un lugar donde los reúne a todos, la Feria Internacional del Libro de Minería. Este evento pone a disposición masiva una vasta muestra de ejemplares, un manjar ideal para aquellos sagaces ladronzuelos que van en busca de una presa fácil para sacar provecho ilícito.
            En tan sólo siete días, del 22 de febrero al 5 de marzo, se dan cita miles de personas para codearse con las editoriales. Para todos hay, niños, jóvenes y adultos se apretujan entre los pasillos para ver los anaqueles atiborrados con textos dispuestos a ofrecer sus páginas a cualquier lector ansioso de  aventurarse a un mundo insospechado.
            No sólo están los especialistas en literatura y poesía, también los cuentos para niños o los versados en ciencia y filosofía. Todos se reúnen aquí, sin importar su condición están expuestos, en igual de posibilidades, a ser víctimas de una más de las modalidades de la delincuencia que azota al país. Un rubro no tan común pero no por eso menos grave.
            Un joven de apenas 19 años vigila sigilosamente a los visitantes escurridizos que aprovechan el tumulto para, con técnicas poco ortodoxas, ultrajar a su víctima. El agredido no pone resistencia, él no sabe distinguir entre quien lo toma con el deseo de leerlo o quien lo coge con la pretensión de lucrar.
            Cristian Montero trabaja para la editorial TusQuets, ésta tan sólo cuenta con unos pocos metros cuadrados en esta feria del libro, sin embrago, su probabilidad de ser objeto de un desfalco lo hace tener que estar a “las vivas” para evitar, en la medida de los posible, un robo.
            “Mi jefe nos dice que atendamos al cliente, le demos información sobre los libros pero que no descuidemos a las visitas furtivas que hurtan los ejemplares”, Cristian asegura que hasta el momento no han tenido un incidente lamentable, sin embargo, al final de la feria se hace registro del inventario y descubren la inminente realidad, hay un déficit de libros.
            Todas las editoriales conviven en armonía, no es una pelea de competencia por ver quién es el líder en la cadena de ventas. Sí, hay intereses en el juego de la ruleta del azar de las empresas editoras, no obstante, el público fiel es constante. Aunque otros tantos afirman que la concurrencia ha disminuido, las causas son variables, inciertas pero reales.
            En esta multitud de libros, hay unos que están exhibidos por el mero deleite de difundir la cultura y la ciencia. Su propósito no es ganar dinero sino llegar a un lector ávido de conocimiento. Sergio Vargas, encargado del acervo de materiales editados por la UNAM dice que de los 49 mil libros en venta sólo el 35% logra venderse.
            Un inexperto muchacho, con apariencia secundina le pregunta a Sergio por la recomendación de un libro, él simplemente le dice “el mejor libro es el que te llame la atención, ese es el que vas a leer con gusto”. Una contestación de apariencia lógica pero con un gran significado.
Esa idea romántica de cuento de hadas no se aplica para los hurtadores de libros. Ellos no están interesados en leer, están amaestrados para olfatear al endeble victimario que será materia prima del negocio sucio.
            Sus derechos están protegidos, pero pareciera que las reglas se hicieron para quebrarse y las que resguardan la integridad de los libros, no son la excepción. La Ley Federal de Derechos De Autor salvaguarda y promueve el acervo cultural asimismo asegura la protección de la propiedad intelectual de cualquier obra.
            El grupo Santillana es parte de un consorcio empresarial (Grupo PRISA) que incluye varios medios de comunicación, incluidas varias editoriales como Taurus, Punto de Lectura, Aguilar, entre otras. Esteban Jiménez, encargado del stand de Santillana asegura que la piratería y el robo de libros afectan hasta un 10% en las ganancias.
            Situación bastante incómoda para autores, editores, diseñadores y todo el personal participe en la publicación de un libro. Aquella ley perece ante el apremiante mercado ilegal instaurado a unas pocas calles de la sede del encuentro internacional.
            Los libros son víctimas indefensas ante los cleptómanos que arriban al Palacio de Minería, estos delincuentes se camuflan entre los compradores para después prostituir en el mercado a aquellos ejemplares que hayan tenido la desdicha de caer en sus bolsillos. La trata de libros es una deleznable actividad, conocida por todos y sancionada por nadie. 

















3 comentarios:

  1. Bueno, creamos pues que los libros hurtados puedan ser comprados por lectores ansiosos del conocimiento que no tienen el capital suficiente para comprarlos a su precio original...

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  2. Mi estimada Melissa:
    Tienes que hacer bien las cuentas: del 22 de febrero al 5 de marzo no hay siete días, sino... (ve el tercer párrafo).
    También hay una posibilidad, ésta: hay gente que roba por hambre; ojalá que haya hurtos por la necesidad de leer, disfrutar y aprender.
    Bien por tu nota.

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  3. Profesor, gracias por su comentario. Para la próxima me aseguraré de usar un recurso más preciso para sacar las cuentas.

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